Cristo tomó el micro de la Línea 55 y bajó en la av. Graumiró el culo de una muchacha vestida de flores
y se dirigió hacia la av. Abancay entre la multitud trabajando
Cristo no trabajaba pero predicar la verdad
le costaba doble trabajo y un sufrimiento sin límites
las calles atestadas seguían el ritmo que provenía
de un vendedor de casetes piratas
Cristo en su sed comprendió que el alma
está hecho de pan y de chicha
aquella tarde no dio ningún sermón
tampoco hizo ningún milagro
solo se dedicó a escuchar las canciones
que salían del parlante de aquella carretilla
cuando la avenida se puso desierta y oscura
vieron a Cristo sentado en una banca
estaba sucio y olía a alcohol
lloraba pero no de tristeza ni por los pecados
lloraba por la fascinación de haber comprendido la alegría